El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
viendo algo detrás de aquella zarza. -Bueno, ¿y qué? -respondió Pesadilla con malos modos-. ¿No puedo yo ver tan bien como tú lo que haya detrás de la zarza? El ojo es tan mío como tuyo, y creo que sé usarlo tan bien como tú, por no decir mejor. Quiero que me lo des inmediatamente. Pero al llegar aquí, la tercera hermana, cuyo nombre era Quebrantahuesos, empezó a que- jarse y dijo que era a ella a quien le tocaba tener el ojo, y que Pesadilla y Espanto siempre lo querían solo para ellas. Para terminar la disputa, Espanto se quitó el ojo de la frente y sosteniéndolo en la mano dijo: -Pues tomadlo vosotras, y sea de quien quiera, y acabemos con esta disputa necia. Por mi parte, me alegraré mucho de estar un rato en la oscuridad. Cogedlo pronto o me lo vuelvo a poner en la frente. Pesadilla y Quebrantahuesos extendieron las manos procurando ansiosamente arrebatarle
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