El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
viera. Otro de aquellos terribles bandidos, Sinis, tenía la costumbre de arrojar a sus vícti- mas al mar desde un acantilado, por lo que Teseo decidió darle su merecido y hacerle co- rrer la misma suerte. Pero el mar no quiso contaminar sus aguas con tan odioso ser ni la tierra estuvo dispuesta a volver a sentir el peso de semejante monstruo, y Sinis quedó suspendido para siempre en el aire, que se vio obligado a cargar con todo el peso de su mal- dad. Tras estas memorables hazañas, Teseo oyó ha- blar de una gigantesca cerda salvaje que ate- rrorizaba a los granjeros de la región y, como estaba dispuesto a realizar cualquier buena ac- ción que se le presentara, por insignificante que pudiera parecer, mató a la monstruosa criatura y regaló sus restos a los pobres para que les sirviera de alimento. Sin duda había sido una terrible bestia mientras vagaba por campos y bosques pero, una vez cocinada, supo hacer las delicias de muchos comensales.
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