El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Así, cuando Teseo llegó al final de su viaje, ha- bían sido innumerables sus proezas con la es- pada paterna y había alcanzado fama de ser uno de los jóvenes más valientes de su tiem- po. Su celebridad llegó a Atenas mucho antes que él; por ello, al entrar en la ciudad, oyó co- mentar a sus habitantes lo valientes que eran Hércules, Jasón, Cástor y Pólux, pero que el joven Teseo, hijo de su propio rey, estaba lla- mado a convertirse en un héroe tan grande como el mejor de ellos. Sus zancadas se hicie- ron más largas al oír estas palabras y, puesto que sus hazañas parecían haber llegado antes que él, empezó a imaginar el magnífico recibi- miento que le esperaría en la corte de su padre cuando se dirigiera a este diciendo: “¡He aquí a tu hijo!”. Poco podía sospechar el inocente joven que era precisamente allí, en la ciudad de su padre, donde le acechaba el mayor peligro de todos cuantos había corrido hasta entonces. Y, sin embargo, así era. Debéis comprender que el padre de Teseo, aunque no era un hombre
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