El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
largo viaje. Cuando su abuelo, el sabio rey Piteo, conoció la noticia, le aconsejó que em- prendiera el viaje a bordo de un navío, pues así podría desembarcar a unos veinte kilóme- tros de Atenas sin fatigarse ni correr riesgos. -El camino por tierra está infestado de mons- truos y de malhechores -afirmó el venerable anciano-. Un simple muchacho como Teseo no debería viajar solo y exponerse a tantos peli- gros. ¡No! ¡De ningún modo! ¡Debe hacer la ruta por mar! Sin embargo, cuando Teseo oyó hablar de monstruos y de malhechores, aguzó el oído y aún más ganas tuvo de hacer el viaje por tierra para enfrentarse a ellos. Tres días más tarde, se despidió respetuosamente del rey Piteo, al que agradeció sus bondadosos cuidados, y, tras abrazar con gran cariño a Etra, partió para Atenas. Y hemos de decir, en honor a la ver- dad, que no todas las lágrimas que brillaban en las mejillas del joven habían sido derrama- das por su madre, pues también él lloraba al
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