El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
tu padre, el rey Egeo, dejó para ti debajo de esa enorme piedra, tras levantarla él solo con sus poderosos brazos. El joven advirtió que la roca había sido coloca- da sobre una losa de piedra, en la que había un hueco semejante a un cofre toscamente fa- bricado; y en su interior encontró una espada de empuñadura dorada y unas sandalias. -Pertenecían a tu padre -señaló Etra-. Antes de partir hacia Atenas, me pidió que te tratara como a un niño hasta el día en que lograras le- vantar esta enorme piedra. Ahora debes calzar las sandalias de tu padre para seguir sus pasos, y ceñirte esa espada, pues tendrás que combatir contra gigantes y leones, igual que el rey Egeo en su juventud. -¡Saldré para Atenas hoy mismo! -declaró Teseo. Sin embargo, Etra logró convencerle para que se quedara uno o dos días más (con ella), mientras preparaba todo lo necesario para tan
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