El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

duda empezaba a darse cuenta de que su hijo había dejado de ser un niño y pronto se vería obligada a enviarlo a correr peligrosas aventu- ras. Apenas había transcurrido un año desde en- tonces cuando volvieron a sentarse en la roca cubierta de musgo. Etra le habló nuevamente de su padre y de la dicha que este sentiría al recibirle en su majestuoso palacio. Lo presen- taría ante sus súbditos y cortesanos, anuncian- do a todos que aquel joven era su legítimo he- redero. Al oír estas palabras, los ojos del joven brillaron de entusiasmo, mientras hacía un gran esfuerzo para no ponerse a dar saltos de alegría. -Querida madre -señaló-, me siento más fuer- te que nunca. Creo que ya he dejado de ser un niño o un simple muchacho. Me he convertido en un hombre y, por fin, ha llegado el momen- to de levantar la roca. -¡Mi muy amado Teseo -le respondió Etra-, to- davía no! ¡Todavía no!

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx