El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

podía sino apenarse al verle tan impaciente por iniciar sus aventuras en el mundo. -¿Lo ves, querido Teseo? -decía-. Necesitas ser más fuerte para poder ir a Atenas y decirle al rey Egeo que eres su hijo. Cuando seas capaz de levantar esta roca y mostrarme lo que hay debajo de ella, prometo dejarte emprender el viaje. A partir de entonces, cada vez que Teseo pre- guntaba a su madre si había llegado el mo- mento de poder partir, ella le señalaba la roca y respondía que todavía tardaría años en ser lo bastante fuerte para moverla. El niño, de mejillas sonrosadas y rizados cabellos, intenta- ba una y otra vez arrastrar la enorme masa de piedra, luchando por conseguir lo que solo hu- biera logrado un gigante con sus dos manos. Y, entretanto, la roca parecía hundirse cada vez más en la tierra. El musgo crecía con tanta fuerza a su alrededor que terminó convirtién- dose en un asiento verde y mullido por el que asomaban algunas protuberancias grises del

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