El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
-Es muy posible que lo hagas más adelante - decía Etra-. Ten paciencia y ya veremos. Toda- vía no eres lo suficientemente grande y fuerte para emprender semejante viaje. -¿Y cuándo estaré preparado para partir? -pre- guntaba Teseo. -Aún eres muy pequeño -contestaba Etra-. ¡A ver si puedes levantar la roca sobre la que es- tamos sentados! Teseo estaba muy orgulloso de su fuerza, por lo que, asiendo con ambas manos los ásperos salientes, forcejeaba y tiraba de la pesada roca hasta perder el aliento, sin conseguir que esta se moviera; realmente, parecía estar clavada en la tierra. Pero era natural que sus intentos fracasaran, pues habría sido necesaria toda la fuerza de un hombre muy vigoroso para levan- tar semejante mole. Al contemplar aquellos impetuosos, al tiempo que inútiles, esfuerzos del niño, Etra sonreía con la tristeza reflejada en los ojos. Pues no
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