El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
aquellos mitos originales. Dejé al joven autor decir cuantas extravagan- cias quisiera, alegrándome de verle entrar en la vida tan seguro de sí mismo y de sus accio- nes; el paso de los años se encargará de po- nerle en su sitio. Entretanto, es justo decir que parece haber superado con éxito las objecio- nes morales que suelen formularse contra este tipo de fábulas, aunque haya sido a costa de tomarse ciertas libertades en su estructura, que debemos dejar al joven justificar sin mi ayuda. La única defensa posible es que estas eran necesarias, y que la esencia de las leyen- das no puede conservarse si alguien las consi- dera de su propiedad. Eustace afirmó haber relatado aquellas histo- rias a los niños en situaciones muy diferentes: en los bosques, a la orilla del lago, en la caña- da de Arroyo Umbrío, en el cuarto de jugar, junto a la chimenea de Tanglewood y en un magnífico palacio de nieve con ventanas de hielo, que él personalmente había construido
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