El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
sibilidades que ofrecían. Y, sin embargo, a pesar de conocer la libertad con que desarro- llaba sus temas, confieso que escapaba a mi comprensión su capacidad para superar todas las dificultades que supone adaptar esos rela- tos para los niños. Pues esas viejas leyendas en las que se inspiraron los trágicos griegos, repletas de todo aquello que más horroriza a nuestra moral cristiana, unas tan terribles y otras tan tristes y melancólicas, terminaron convirtiéndose en sus manos en las historias más despiadadas y dolorosas que haya conoci- do el mundo. ¿Y cómo transformar su conteni- do en objeto de diversión para niños? ¿Cómo purificarlo? ¿Cómo lograr iluminarlo con la hermosa luz del sol? Pero Eustace señaló que aquellos mitos eran lo más singular del mundo, pues cada vez que iniciaba el relato de uno de ellos, se sorprendía al ver la rapidez con que este se adaptaba a la infantil pureza de sus oyentes. Los detalles más escabrosos, en manos de los griegos, parecían haber proli- ferado cual parásitos, cuando en la leyenda
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