El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
prestigio en el mundo literario. Sin embargo, tuvo la amabilidad de decirme que su colabo- ración conmigo le había resultado sumamente grata; además, no parecía sentir ningún deseo de dar una patada a la escalera que quizá le había ayudado a alcanzar su presente situa- ción, como suelen hacer la mayoría de los hombres. Mi joven amigo, en definitiva, esta- ba dispuesto a que el fresco verdor de su cre- ciente fama continuara trepando por mis ex- tendidas y desnudas ramas; del mismo modo que a veces ha pasado por mi imaginación guiar una parra, con sus grandes hojas y mora- dos frutos, alrededor de los carcomidos postes y vigas de la rústica cabaña de madera. Cons- ciente de las ventajas de su propuesta, le ase- guré que aceptaría con enorme placer. En cuanto vi los títulos de aquellas historias, tuve la certeza de que se trataba de unos rela- tos de tanta riqueza como los del anterior vo- lumen; tampoco dudé de la audacia (en el buen sentido de la palabra) del señor Bright a la hora de aprovechar al máximo todas las po-
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