El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

verdadero lugar. Pero vayamos a mi estudio y leamos sus nuevas historias. Difícilmente po- dría hacerles justicia sentado en este banco de nieve. Así pues, bajamos por la colina hacia mi vieja y pequeña casa, y nos encerramos en la sala orientada al sudeste, que el sol ilumina la mayor parte del día. Eustace me entregó su manuscrito y yo lo hojeé con rapidez, inten- tando adivinar sus aciertos y sus fallos con el simple roce de mis dedos, tal como debería saber hacer un veterano cuentista. Debo recordar que el señor Bright, confiando en mi experiencia literaria, me había nombra- do redactor de El libro de las maravillas . Al no tener ninguna queja de la acogida que tuvo esa erudita obra por parte del público, venía con la intención de encargarme su nuevo volu- men, que había titulado Cuentos de Tangle- wood . Como Eustace insinuó, no necesitaba emplear mis servicios para presentar aquella obra, pues su nombre ya gozaba de cierto

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx