El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

nada. He oído contar muchas cosas extrañas en mi vida y he visto bastantes; pero ninguna, a mi parecer, puede compararse con la rareza de estas tres mujeres grises, todas mirando con un solo ojo. Esto mismo pensó Perseo, y tan asombrado estaba que llegó a figurarse que su compañero se estaba burlando de él y que no existían en el mundo semejantes mujeres. -Pronto te convencerás de que es verdad -ob- servó Azogue-. Chiss, chiss, chiss… ¡Ya vienen! Perseo miró ansiosamente en la oscuridad de la noche, y con seguridad, a poca distancia, vio a las tres mujeres grises. Como la luz era esca- sa, no pudo ver exactamente qué cara tenían; solo vislumbró que sus cabellos eran largos y grises; y cuando se acercaron, vio cómo dos de ellas no tenían más que una órbita vacía en medio de la frente. Pero en medio de la frente de su hermana había un ojo brillante que cen- telleaba como un diamante en una sortija, y tan penetrante parecía ser que Perseo pensó

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