El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

hagas ruido. Precisamente es la hora y el lugar propicios para encontrar a las tres mujeres gri- ses. Ten cuidado, que no te vean antes de que las hayas visto tú, pues, aunque no tienen más que un ojo para las tres, este ve tan bien como media docena de ojos vulgares. -Pero ¿qué tengo que hacer -preguntó Perseo- cuando las encontremos? Azogue explicó a Perseo cómo se las arregla- ban las tres mujeres grises con su único ojo. Al parecer tenían la costumbre de usarlo por turno, como si fueran unas gafas o -cosa que les hubiese convenido más- un monóculo. Cuando una de las tres lo había disfrutado algún tiempo, se lo sacaba de la órbita y se lo daba a otra, la cual inmediatamente se lo ajus- taba en la frente y gozaba un ratito de la vista del mundo. Fácilmente se comprende que solo una de las mujeres veía, mientras las otras dos permanecían en la oscuridad; además, en el instante en que el ojo pasaba de mano en mano, ninguna de las pobres señoras veía

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