El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
suaves pendientes, que, en mi opinión, hace preferible este tipo de paisaje a otras imáge- nes más agrestes; pues, al causar una impre- sión mucho menos intensa en nuestro cere- bro, su repetición nunca llega a cansarnos. Lo ideal para mí sería pasar alguna semana de ve- rano en las montañas y el resto del tiempo entre verdes praderas y apacibles colinas, cuyos contornos parecen siempre nuevos, pues su recuerdo se desvanece continuamen- te en nuestra memoria. Supongo que a Eusta- ce todo aquel paseo le parecería bastante aburrido, hasta que le conduje a la rústica y destartalada cabaña de verano, que había per- tenecido al anterior propietario de la finca y que estaba situada en la mitad de la ladera. No es más que un simple esqueleto de delga- dos troncos podridos, sin paredes ni techo; tan solo una combinación geométrica de ramas que el próximo vendaval muy posiblemente deshaga, esparciendo sus restos por el porche. Parece a punto de desvanecerse como un sueño; y sin embargo, no hay duda de que en-
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