El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
recorrer la media docena de acres que poseo, pues, como cualquier terrateniente en cual- quier lugar del mundo, insistí en que así lo hi- ciera. Sin embargo, me alegré secretamente de que el mal tiempo y los quince centímetros de nieve que cubrían el suelo le impidieran ver el abandono en que se encontraban tanto la tierra como los arbustos. Pero era absurdo imaginar que alguien que ha conocido Monu- ment Mountain, Cumbre Pelada y el monte Greylock, con sus ancestrales y frondosos bos- ques, pudiera encontrar algo que admirar en aquella humilde ladera, con sus frágiles aca- cias plagadas de insectos. Eustace, con toda franqueza, afirmó encontrar bastante monóto- na la vista desde la colina; y no cabe duda de que esto era cierto, sobre todo después de haber contemplado las salvajes y escarpadas montañas de Berkshire, especialmente en el norte de la región, y que el joven estudiante conocía muy bien por ser el lugar donde se ha- llaba su universidad. Sin embargo, existe un encanto reposado en las extensas praderas de
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx