El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
ella. -Es una persona instruidísima, te lo aseguro - continuó Azogue-, y domina todas las artes y las ciencias. En una palabra: es tan extraordi- nariamente sabia que muchas gentes la llaman la sabiduría personificada. Pero, para decirte la verdad, para mi gusto le falta viveza, y no creo que a ti te pareciese tan agradable como yo para compañera de viaje. Tiene cosas bue- nas, desde luego, y ya verás de cuánto te sirve para tu encuentro con las gorgonas. Ya había anochecido casi por completo. Llega- ron entonces a un sitio completamente desier- to, silvestre, cubierto de malezas y zarzas y tan solitario y silencioso que parecía que nunca nadie hubiese vivido en él ni hubiese pasado por allí. Todo estaba vacío y desolado en el crepúsculo gris, que se iba haciendo cada vez más oscuro. Perseo miró a su alrededor más bien con desconsuelo y preguntó si tenían que ir mucho más lejos. -Chiss, chiss… -susurró su compañero-. No
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