El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

La pobre muchachita no dijo nada porque tenía la mala suerte de asustarse en el mo- mento menos oportuno. Echó a correr, se le cayó el cántaro y lo rompió. -¿Dónde está -preguntó Belerofonte- el simpá- tico niño que me acompañaba, que nunca per- dió la fe y que nunca se cansaba de mirar en la fuente? -Aquí estoy, querido Belerofonte -dijo el niño tiernamente. El muchachito había pasado los días a la orilla de Pirene, esperando la vuelta de su amigo; pero, cuando lo vio bajando a través de las nubes, montado en su caballo alado, se inter- nó en el bosque. Era un niño muy delicado, de gran ternura, y temía que el viejo y el campe- sino vieran brotar lágrimas de sus ojos. -Has logrado la victoria -dijo, muy contento, abrazándose a una pierna de Belerofonte, que aún estaba montado sobre Pegaso-. Sé que lo has conseguido.

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