El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

-Sí, querido niño -replicó Belerofonte bajándo- se del caballo alado-; pero, si no me hubiese ayudado tu fe, nunca habría esperado a Pega- so, ni volado jamás por encima de las nubes ni vencido a la terrible Quimera. Todo lo hiciste tú, mi querido amigo, y ahora devolveremos a Pegaso su libertad. Y, diciendo esto, quitó la brida encantada de la cabeza de aquel caballo maravilloso. -¡Sé libre para siempre, Pegaso! -exclamó con cierta tristeza en la voz-. ¡Sé tan libre como rá- pido eres! Pero Pegaso apoyó la cabeza en el hombro de Belerofonte y no hubo manera de inducirle a emprender el vuelo. -Bien -dijo Belerofonte acariciando al aéreo caballo-; estarás conmigo mientras quieras. Ahora vayamos a decir al rey Iobates que la Quimera ha sido destruida. Belerofonte abrazó a aquel niño tan bueno, le prometió volver a verlo y se puso en marcha;

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