El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

cinados más alto que un gran montón de heno. ¡Nada más volvió a verse de la horroro- sa Quimera! Cuando Belerofonte logró la victoria, se inclinó hacia delante y besó a Pegaso con lágrimas en los ojos. -¡Vuelve ahora, mi querido caballo -le dijo-, vuelve a la fuente de Pirene! Pegaso hendió el aire más rápido que nunca y llegó a la fuente en muy poco tiempo. Allí en- contró al viejo apoyado en su bastón, al cam- pesino dando agua a la vaca y a la hermosa doncellita llenando su cántaro. -Ahora me acuerdo -advirtió el viejo-. Cuando yo era un chiquillo, vi una vez este caballo con alas. Pero en mis tiempos era diez veces más hermoso. -Tengo un caballo de tiro que vale el triple que él -dijo el campesino-. Si este penco fuera mío, lo primero que haría sería cortarle las alas.

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