El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

tan enloquecida por el dolor que no se res- guardaba, como en otro caso habría hecho. A fin de cuentas, para luchar con una Quimera tal vez lo mejor sea acercarse a ella todo lo po- sible. En sus esfuerzos por clavar a su enemigo los horribles garfios, el monstruo dejó su pecho enteramente al descubierto. Al verlo, Belerofonte clavó hasta el puño la espada en su cruel corazón. La cola de la serpiente desató enseguida su nudo. El monstruo se desprendió de Pegaso y cayó desde aquella enorme altura. El fuego que llevaba en su pecho ardió, en vez de extinguirse, más vivo que nunca, y pronto empezó a consumir aquel cuerpo muerto. Cayó del cielo enteramente inflamado. Como se hizo de noche antes de llegar a tierra, lo confundieron con una estrella errante o con un cometa; pero al despuntar el día salieron unos aldeanos a su labor y vieron, con gran asombro, que una gran extensión de terreno estaba salpicada de cenizas negras. En medio de un campo había un montón de huesos cal-

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