El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

dos, de la cabeza a los pies, mucho más de lo que resulta prudente. Pero esto no es nada comparado con lo que sucedió después. Cuando el caballo alado llegó en su primera acometida a la distancia de unos cien pasos, la Quimera dio un salto y pro- yectó su enorme, horrible, ponzoñoso y detes- table cuerpo contra el pobre Pegaso; se le en- roscó con gran fuerza y retorció su cola de ser- piente hasta formar un nudo. El caballo aéreo no dejaba de volar más alto, más alto, más alto, por encima de las nubes, casi hasta per- der de vista la tierra sólida; pero el monstruo terrestre no soltó su presa y siguió en su vuelo a la criatura del aire y la luz. Belerofonte, mientras tanto, se encontró al volverse con la horrible fealdad de la Quimera frente a frente, y solo protegiéndose bien con el escudo pudo librarse de morir abrasado o de que un mordisco lo partiera por la mitad. Desde el borde del escudo miró fieramente los salvajes ojos del monstruo. La Quimera estaba

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