El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
nocido nunca el dolor-. ¡La maldita Quimera pagará este daño con su última cabeza! Luego sacudió las riendas y dando grandes voces guio a Pegaso, no oblicuamente como antes, sino directamente contra la repugnante cabeza del monstruo. Tan rápida fue la embes- tida que en lo que dura un relámpago se puso Belerofonte al alcance de su enemigo. Mientras, con la pérdida de su segunda cabe- za, la Quimera había caído en una pasión de dolor y rabia. Se revolcaba, mitad en tierra y mitad en el aire: era imposible decir en qué elemento descansaba. Abrió su bocaza de ser- piente con tan horrorosa anchura que me atrevería a decir que podía haber pasado Pe- gaso derecho a su garganta, con las alas des- plegadas y con jinete y todo. Cuando se acer- caron, lanzó un chorro tremendo de su encen- dido aliento y envolvió a Belerofonte y a su ca- ballo en una nube de llamas, chamuscando las alas de Pegaso, quemando al joven los dora- dos rizos de todo un lado y calentando a los
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