El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

que antes. Belerofonte vio entonces que había cortado al monstruo, casi del todo, la cabeza de cabra, que colgaba de la piel y parecía en- teramente muerta. Pero, en compensación, la cabeza de león y de la serpiente habían adquirido toda la fiereza de la otra y escupían llamas, silbaban y rugían con mucha más furia que antes. -No te preocupes, mi bravo Pegaso -exclamó Belerofonte-; con otro golpe como ese hare- mos que deje de rugir y silbar. De nuevo sacudió las riendas. El caballo alado se lanzó oblicuamente y veloz, como antes, hacia la Quimera; Belerofonte, al pasar, asestó un golpe recto a una de las dos cabezas que le quedaban. Pero esta vez ni él ni Pegaso esca- paron tan bien como la primera. Con una de sus garras hizo el monstruo al joven un pro- fundo arañazo en un hombro y con la otra es- tropeó un poco el ala izquierda del caballo vo- lador. Belerofonte, por su parte, había herido mortalmente la cabeza de león, que caía col-

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