El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

a tu solitaria cumbre sin tu amigo Belerofonte; porque, o muere la Quimera, o sus tres bocas se comerán esta cabeza mía, que tantas veces ha dormitado sobre tu cuello. Pegaso relinchó y, volviendo la cabeza, frotó cariñosamente el hocico contra la cara de su ji- nete. Así decía, a su manera, que aún tenía alas y era caballo inmortal; antes perecer, si lo inmortal pudiera perecer, que abandonar a Belerofonte. -Gracias, Pegaso -respondió Belerofonte-. Y ahora, vamos a pelear con el monstruo. Diciendo estas palabras, sacudió las riendas; Pegaso descendió oblicuamente, rápido como una flecha, hacia la triple cabeza de la Quime- ra, que se erguía en el aire cuanto podía. Cuando lo tuvo al alcance de su brazo, dio Be- lerofonte un gran tajo al monstruo; pero su ca- ballo siguió adelante sin dejarle ver si había aprovechado el golpe. Pegaso continuó a su carrera; pero pronto viró en redondo, aproxi- mándose a la Quimera a la misma distancia

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