El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
que le indujo a tirar de las riendas primero y a dar la vuelta después. Hizo una seña, que el caballo alado entendió, y este bajó por el aire lentamente hasta que sus cascos estuvieron a poco más de la altura de un hombre sobre el suelo rocoso del valle. Enfrente, y a tiro de piedra, estaba la boca de la caverna con las tres espirales de humo que de ella brotaban. Dentro de la caverna parecía haber un montón de extrañas y terribles criaturas enroscadas unas con otras. Sus cuerpos estaban tan juntos que Belerofonte no acertó a distinguirlos; pero, a juzgar por sus cabezas, uno de los ani- males era una serpiente enorme, el segundo un fiero león y el tercero una cabra repulsiva. El león y la cabra estaban dormidos; la ser- piente estaba despierta y lo miraba fijamente con sus grandes y feroces ojos. Lo más asom- broso del caso es que las tres columnas de humo salían evidentemente de las narices de aquellas tres cabezas. Tan extraño era el es- pectáculo que, aunque llevaba tanto tiempo esperando verlo, no se le ocurrió pensar que
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