El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
apartarse de su camino le habría sido fácil a Belerofonte cogerla por una pata. Avanzando a este paso, antes del mediodía di- visaron las altas montañas de Licia, con sus profundos y agrestes valles. Si era verdad lo que le habían contado a Belerofonte, en uno de esos valles horrendos tenía su guarida la espantosa Quimera. Estando ya tan cerca del término de su viaje, descendieron poco a poco y aprovecharon para ocultarse unas nubes que flotaban sobre aquellas ingentes cimas. Dando la vuelta por la parte superior de una nube y asomándose al borde, Belerofonte pudo ver claramente la parte montañosa de Licia, y mirar a la vez todos sus umbríos valles. Nada extraordinario encontró a primera vista. Era aquella una zona desierta, pedregosa, con altas y escarpadas montañas; en la parte baja y más llana del país había ruinas de casas que- madas y esqueletos de animales esparcidos por los prados que les sirvieron de alimento.
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