El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

do su locura, reapareció la mancha brillante y se fue acercando cada vez más hasta descen- der bajo la luz del sol, y ¡allí estaba Pegaso de nuevo! Después de tal prueba ya no había pe- ligro de que el caballo con alas se escapase. Los dos fueron amigos y se quisieron fielmen- te. Aquella noche se echaron y durmieron juntos; Belerofonte pasó su brazo sobre el cuello de Pegaso; no por preocupación, sino por cariño. Ambos se despertaron al despuntar la mañana y se dieron los buenos días, cada cual en su lengua. De este modo pasaron varios días Belerofonte y el maravilloso caballo, conociéndose y aficio- nándose el uno al otro. Hacían largos viajes aéreos y alguna vez subían tan altos, que la Tierra apenas parecía mayor que la luna. Visi- taron países remotos y asombraron a sus habi- tantes, quienes pensaron que aquel hermoso joven, montado en un caballo con alas, tenía que haber bajado del cielo. Recorrer mil kiló-

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