El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

brida; pero al mirarle a los ojos le conmovie- ron tanto su docilidad, su hermosura y la idea de la libre vida que había llevado, hasta enton- ces, que no se sintió capaz de convertirlo en prisionero, si realmente deseaba la libertad. Dejándose llevar de tan generoso impulso, dejó caer la brida encantada de la cabeza de Pegaso y le quitó el bocado. -¡Déjame, Pegaso! -le dijo-. ¡Déjame o quiére- me! En un instante, el caballo alado salió disparado hasta perderse casi de vista, remontándose sobre la cima del monte Helicón. El sol se había puesto hacía ya tiempo, la cima de la montaña estaba aún en el crepúsculo y en la comarca que rodeaba era noche oscura; pero Pegaso voló tan alto que alcanzó el día que se iba y se bañó en la luz que irradiaba el sol por las alturas. Subiendo cada vez más alto, pare- cía una mancha brillante y al fin se perdió en la inmensidad del cielo. Temió Belerofonte no volver a verlo; pero, cuando estaba deploran-

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