El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

sido creado, pues no lo necesitaba, y que, vi- viendo muchos siglos, era siempre feliz. Cuan- tas más cosas hacía de las que los caballos mortales suelen hacer, menos terrenal y más maravilloso parecía. Belerofonte y el niño casi no respiraban, en parte por su emoción deli- ciosa, pero principalmente porque temían que el más ligero ruido o murmullo lo hiciera lan- zarse, con la velocidad de la flecha, al más le- jano azul del cielo. Por fin, cuando ya se había revolcado bastan- te, Pegaso se dio la vuelta e indolentemente, como otro caballo cualquiera, afirmó los cas- cos delanteros como para levantarse del suelo. Belerofonte adivinó que iba a hacerlo así y, saliendo súbitamente del boscaje, se montó de un salto sobre sus lomos. ¡Sí, se montó sobre los lomos del caballo con alas! Pero ¡qué salto dio Pegaso cuando, por prime- ra vez en su vida, sintió sobre sí el peso de un mortal! ¡Aquello era un salto! Antes de tener

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