El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Pero, mientras tanto, el tiempo que estuvo es- perando que Pegaso fuera a beber a la fuente de Pirene fatigó extraordinariamente a Belero- fonte y lo llenó de inquietud. Temía que el rey Iobates imaginara que había huido de la Quimera. Le causaba dolor tam- bién pensar cuánto daño estaría haciendo el monstruo mientras él, en lugar de combatirlo, se veía obligado a sentarse ocioso, mirando cómo brotaban las claras aguas de la fuente. Y, como Pegaso había ido por allí con tan poca frecuencia aquellos últimos años y apenas ba- jaba una vez durante la vida de un hombre, Belerofonte temía hacerse viejo y perder la fuerza de su brazo y el valor de su corazón antes de que apareciese el caballo con alas. ¡Oh! ¡Qué lentamente pasa el tiempo cuando un joven arrojado ansía tomar parte en la vida y cosechar fama! ¡Qué difícil es esperar! Nues- tra vida es corta, y ¡qué parte más grande de ella se pierde en aprender esta verdad! Fue una suerte para Belerofonte que el niño le
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