El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

ban atormentarlo. Aquel buen amiguito iba en sus horas libres a sentarse a su lado y, sin decir palabra, miraba abajo en la fuente, o arriba en el cielo, con fe tan inocente que Belerofonte no podía por menos que sentirse animado. Ahora querréis, probablemente, que os diga por qué se había puesto Belerofonte a esperar al caballo alado. Será muy oportuno hablar de ello mientras esperamos que aparezca Pegaso. Si fuera a contaros todas las aventuras ante- riores de Belerofonte, me saldría un cuento sumamente largo. Baste decir que un terrible monstruo, llamado Quimera, había aparecido en cierto país de Asia y estaba haciendo más daño del que puede explicarse en un día. Esta Quimera era una de las más horribles y ponzo- ñosas criaturas, la más rara e inexplicable y la más difícil de combatir y de escapar de ella, salida de las entrañas de la Tierra. Tenía la cola como una serpiente boa; su cuerpo era des- mesurado y tenía tres cabezas distintas, una de ellas era de león, la segunda de cabra y la

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