El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

tercera de serpiente, horrorosamente grande. Y ¡qué chorro de fuego salía flameando de cada una de sus tres bocas! Como era un monstruo terrestre, supongo que no tendría alas; pero, las tuviera o no, el caso es que co- rría como una cabra y un león y se arrastraba lo mismo que una serpiente, y entre una cosa y otra alcanzaba tanta velocidad como los tres juntos. ¡Oh! ¡Cuánto, cuánto daño hacía esa malévola criatura! Con su aliento de llamas podía incen- diar un bosque o quemar un trigal o un pueblo entero, con todas sus casas y cercados. Devas- taba grandes extensiones de terreno y se comía a las personas y los animales vivos, co- ciéndolos después en el ardiente horno de su estómago. ¡Quiera Dios, hijitos, que ni voso- tros ni yo tropecemos jamás con semejante monstruo! Mientras la odiosa bestia (si bestia puede lla- mársela) estaba haciendo todas estas cosas te- rribles, llegó Belerofonte a aquella parte del

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