El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

-Pues -replicó el niño- yo vengo aquí a menu- do para echar barquitos en la fuente y coger piedrecitas del fondo y, a veces, cuando miro en el agua, veo la imagen del caballo con alas en el pedazo del cielo que allí se refleja. Yo quisiera que bajara, me dejara montar en él y me llevara volando hasta la luna; pero no baja. Como si le molestase que lo miraran, vuela muy lejos, perdiéndose de vista. Y Belerofonte tuvo más fe en el niño que había visto la imagen de Pegaso en el agua y en la joven que lo había oído relinchar tan melodio- samente que en el aldeano de mediana edad que solo creía en los caballos de carro, o que en el viejo, que había olvidado ya las cosas hermosas de su juventud. Por eso fue muchos días a la fuente de Pirene y, observando continuamente, mirando unas veces hacia arriba, a los cielos, y otras a la su- perficie del agua, no perdía la esperanza de ver la imagen reflejada del caballo con alas, o la maravillosa realidad. Llevaba siempre dis-

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