El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
-¡Ah, joven forastero! Tengo muy mala memo- ria -dijo el viejo-. Si no recuerdo mal, cuando era muchacho creía que existía ese caballo, y lo mismo que yo lo creía todo el mundo; pero ahora casi no sé qué creer y muy pocas veces pienso en el caballo con alas. Si alguna vez he visto a ese animal, hará mucho, muchísimo tiempo. Y de hecho, no estoy seguro de haber llegado a verlo. Cierto que, cuando era muy joven, recuerdo haber visto un día muchas pi- sadas de caballo alrededor de la fuente. A lo mejor eran de Pegaso, pero también podían ser de cualquier otro caballo. -¿Y tú, hermosa joven, no lo has visto nunca? - preguntó Belerofonte a la muchacha, que allí estaba con el cántaro en la cabeza mientras tenían esta conversación-. Seguro que si al- guien puede ver a Pegaso eres tú, porque tie- nes unos ojos muy vivos. -Creo que lo he visto una vez -replicó la donce- lla sonriendo y sonrojándose-. O era Pegaso o un pájaro blanco grandísimo
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