El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

que te lleve a las gorgonas. No hay más reme- dio que ir en busca de esas tres señoras. Y cuando las hayamos encontrado, puedes estar seguro de que las gorgonas no andarán muy lejos. De modo que vamos rápido. Perseo ya tenía tanta confianza en la sagaci- dad de su acompañante que no hizo más obje- ciones y aseguró que estaba listo para em- prender inmediatamente la aventura. Empeza- ron a andar a buen paso, tanto que a Perseo le costaba trabajo seguir a su amigo Azogue. A decir verdad, se le ocurrió la peregrina idea de que Azogue llevaba un par de zapatos con alas, lo cual, naturalmente, lo ayudaba a las mil maravillas. Además, al mirarlo de reojo, porque no se atrevía a volver del todo la cabe- za, le pareció que también tenía alas a los lados de la cabeza, aunque, si lo miraba de frente no se veían las alas, sino un gorro muy raro. Lo que sí era cierto es que el bastón tren- zado ayudaba muchísimo a Azogue para cami- nar y lo hacía andar tan deprisa que, aunque Perseo era un muchacho fuerte, ya empezaba

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