El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
a un anciano, un hombre de mediana edad y un niño, y también a una jovencita que estaba llenando un cántaro, se detuvo y preguntó si podía refrescarse y tomar un trago. -Es un agua riquísima -le dijo a la joven mien- tras enjuagaba y llenaba su cántaro, después de haber bebido en él-. ¿Tendrías la amabili- dad de decirme si tiene algún nombre esta fuente? -Sí, la llaman la fuente de Pirene -respondió la doncella; y añadió luego-: mi abuela me ha contado que esta clara fuente era antes una mujer hermosísima; pero, cuando su hijo murió bajo las flechas de Diana cazadora, se deshizo toda en lágrimas. Y así el agua que has encontrado tan fresca y tan rica, es el dolor del corazón de aquella pobre madre. -¡Nunca habría ni soñado -dijo el joven foras- tero- que tan clara fuente, con su alegre fluir y brotar de la sombra a la luz, tuviera lágrimas
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