El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

Y así, sentándose en el montón de piedras, mientras los niños se acomodaban en torno a él, Eustace fijó la vista en una blanca nube que iba flotando y empezó como sigue. LA QUIMERA Una vez, en los tiempos antiguos, muy anti- guos (porque todas las cosas extrañas que os estoy contando sucedieron mucho antes de lo que nadie pueda recordar), había en la mara- villosa tierra de Grecia una fuente que surgía en la falda de una montaña. Ysupongo que debe de estar manando aún, al cabo de tantos miles de años, en el mismísimo sitio. Sea como sea, el caso es que allí estaba la apacible fuen- te derramando frescura por la montaña y chis- peando a la dorada luz de la puesta del sol, cuando se acercó a ella un hermoso joven lla- mado Belerofonte. Llevaba en la mano una brida con incrustaciones de piedras preciosas y con bocado de oro. Viendo junto a la fuente

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx