El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
-En aquella colina -dijo Eustace a los niños- había un lugar donde unos cuantos holande- ses viejos jugaban eternamente a los bolos y donde un individuo muy vago, llamado Rip Van Winkle, se había quedado dormido y había pasado durmiendo veinte años de un tirón. Los niños pidieron con afán a Eustace que les contase todo lo que supiera de caso tan mara- villoso. Pero el estudiante replicó que ese cuento ya estaba contado hacía mucho tiempo, y mucho mejor de lo que pudiera contarlo él, y que nadie en el mundo tenía derecho a cambiar una sola palabra de él hasta que fuera tan an- tiguo como “La cabeza de la gorgona”, “Las tres manzanas de oro” y las otras leyendas mi- lagrosas. -Pero, al menos, mientras estamos descansan- do aquí -dijo Pimpinela mirando a su alrede- dor-, bien puedes contarnos una de las histo- rias que tú inventas.
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