El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

todas sus pequeñas ensenadas y no estaba solo: había más allá otros tres que abrían al sol sus ojos azules. Varias aldeas blancas, cada una con su campanario, se diseminaban en la lejanía. Había tantas granjas, con sus parcelas de bosque, pastos y tierras de labranza, que los niños apenas podían hacer sitio en su cere- bro para recibir tantos objetos distintos. Allí estaba también Tanglewood, que hasta enton- ces les había parecido lo más importante del mundo. Ahora ocupaba tan poco terreno que buscán- dolo no lo encontraban, y su vista iba mucho más allá de donde en realidad estaba. Blancas y algodonosas nubes se suspendían en el aire y proyectaban oscuras y movedizas sombras aquí y allá sobre el paisaje. Pero a cada instante la luz del sol brillaba precisa- mente donde acababa de estar la sombra y la sombra se marchaba a otra parte. Al oeste había otra serie de montañas azules.

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