El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

un follaje que daba sombra a toda la fachada del edificio: uno era un tilo, otro un roble. Sus ramas -y era extraño y hermoso verlo- estaban mezcladas y se enlazaban unas con otras; así que cada uno de los árboles parecía vivir en el seno de su compañero mucho más que en el suyo propio. Mientras los huéspedes se maravillaban vien- do cómo aquellos árboles, que hubiesen nece- sitado casi un siglo para crecer así, se habían hecho tan altos y venerables en una sola noche, se levantó un poco de viento que movió las ramas entrelazadas. Y entonces se oyó en el aire un profundo murmullo, como si los dos misteriosos árboles estuviesen hablan- do. -Yo soy el viejo Filemón -musitó el roble. -Y yo Baucis -murmuró el tilo. Y como el viento se hizo más fuerte, los dos ár- boles hablaron a un tiempo: “¡Filemón! ¡Baucis! ¡Baucis! ¡Filemón!”, como

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