El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

-¡Ay! -exclamaron los dos ancianos bondado- sos-. ¿Qué ha sido de nuestros pobres veci- nos? -Ya no existen como hombres y mujeres -dijo el viajero de más edad con su voz profunda, y un trueno pareció hacerle eco en la lejanía-. No había en sus vidas utilidad ni belleza, pues nunca suavizaron ni dulcificaron el duro des- tino de la Humanidad prodigando afectos bon- dadosos entre los hombres. No conservaron en su pecho la imagen de una vida mejor, y por eso el lago, que estaba aquí hace siglos, se ha tendido de nuevo para reflejar el cielo. -Y aquellas gentes necias -dijo Azogue con su maliciosa sonrisa-, todas se han convertido en peces. Poco han tenido que cambiar, porque ya eran un puñado de pillos con escamas en el corazón y sangre completamente fría. Así que, madre Baucis, si tú o tu marido tenéis capricho de comer una trucha a la parrilla, podéis echar un anzuelo y pescar a media docena de vues- tros antiguos vecinos.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx