El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
Pero ¡cuál fue su asombro! ¡No había allí ni asomo de aldea! Hasta el fértil valle, en cuyo hueco yacía, había dejado de existir. En su lugar se veía la superficie amplia y azul de un lago que llenaba la inmensa cuenca del valle de orilla a orilla y reflejaba las colinas circun- dantes con una imagen tan tranquila como si estuviera allí desde el principio del mundo. Por un momento el lago permaneció completa- mente quieto. Luego una brisa pasó sobre él e hizo bailar el agua, que brilló a los tempranos rayos del sol, chocando con agradable murmullo contra la orilla. El lago parecía tan familiar en aquel sitio que los dos ancianos se quedaron asombrados, como si pensaran que habían estado soñando con un pueblo que nunca hubiera existido. Pero enseguida recordaron las casas desapare- cidas, la cara y el carácter de los habitantes, y comprendieron que no soñaban. ¡El pueblo que ayer estaba allí ya no estaba!
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