El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

de que me comuniques lo que descubras. No puedo contarte todo lo que hace ese bastón; siempre me hace bromas así. Unas veces me trae la cena, otras me la roba. Si creyese yo en semejantes tonterías, diría que está embruja- do. No dijo más; pero los miró de un modo tan ex- traño que los viejos pensaron que se burlaba de ellos. El bastón mágico fue tras su amo dando saltos cuando Azogue salió. Una vez a solas, los dos viejos hablaron un rato de los acontecimientos de la noche y luego se echaron a dormir en el suelo, porque habían dejado su cama a los huéspedes y no tenían más que aquellas tablas, que ojalá hu- bieran sido tan blandas como sus corazones. El anciano y su mujer se levantaron temprano por la mañana, y los viajeros también se levan- taron con el sol y se prepararon para seguir su camino. Filemón, hospitalario, les pidió que se queda-

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