El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

ba suave y melodiosa-. Dame a mí también otra taza de leche, y ojalá tu cántaro no se vacíe nunca para la buena Baucis, para ti y para los caminantes necesita- dos. Habiendo terminado la comida, los forasteros pidieron que les indicaran un lugar para des- cansar. Los viejecillos habrían querido estar un rato más hablando con ellos para expresar la admiración que sentían y su alegría al ver que la cena, pobre y escasa, había resultado mucho mejor y más abundante de lo que es- peraban. Pero el forastero de más edad les había inspirado tal respeto que no se atrevie- ron a preguntarle nada; cuando Filemón se llevó aparte a Azogue y le preguntó cómo era posible que hubiese brotado una fuente de leche dentro de un cántaro, el viajero señaló su bastón. -Ahí está todo el misterio -dijo Azogue-. Y, si lo puedes descifrar tú, me alegraré muchísimo

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