El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood
huésped-. Otra tacita de esa leche deliciosa y podré decir que he cenado mejor que un prín- cipe. Esta vez fue Filemón quien se levantó y cogió el cántaro, porque tenía curiosidad por saber si eran ciertas las maravillas que Baucis le había contado. Bien sabía que su buena mujer era incapaz de mentir y que pocas veces se equivocaba en lo que creía cierto. Pero el caso era tan peregrino que quería verlo con sus propios ojos. Al coger el cántaro, miró dentro y se convenció de que apenas contenía unas cuantas gotas. De pronto, sin embargo, del fondo brotó un chorrito blanco que lo llenó hasta la boca de leche espumosa y fragante. Suerte fue, y grande, que a Filemón, en su sor- presa, no se le cayese el cántaro milagroso. -¿Quiénes sois, maravillosos viajeros? -excla- mó, mucho más asombrado que su mujer. -Tus huéspedes, buen Filemón, y tus amigos - contestó el viajero de más edad con su voz grave y profunda, que al mismo tiempo sona-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx