El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

diera destruirte del todo; pero más vale ser joven unos pocos años que estatua de piedra muchos. -¡Oh, mucho más! -exclamó Perseo con los ojos húmedos otra vez-. Y además, ¿qué sería de mi madre, si su querido hijo se convirtiese en piedra? -Esperemos que el asunto no tenga tan mal fin -respondió Azogue en tono animoso-. Precisa- mente soy la persona que tal vez pueda ayu- darte más eficazmente. Mi hermana y yo haremos todo lo que poda- mos para que salgas bien de esta aventura, que ahora te parece tan desagradable. -¿Tu hermana? -repitió Perseo. -Sí, mi hermana -replicó el desconocido-. Es muy sabia, te lo aseguro; y yo, por mi parte, también suelo tener todo el talento que me hace falta. Si tú eres valiente y a la vez pruden- te y haces caso de nuestros consejos, no tie- nes que temer por ahora convertirte en esta-

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