El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

les. Acaso hayas oído hablar de mí. Tengo va- rios nombres; pero el de Azogue me cae tan bien como otro cualquiera. Dime en qué con- siste la dificultad, y hablaremos del asunto y veremos lo que se puede hacer. Las palabras del desconocido animaron mucho a Perseo. Decidió exponer a Azogue todas sus dificultades, ya que las cosas no podían poner- se peor de lo que estaban, y acaso su nuevo amigo pudiera darle algún consejo que le sir- viese de algo. Así que en pocas palabras le explicó el caso: el rey Polidectes necesitaba la cabeza de Medu- sa, con su cabellera de serpientes, para dárse- la como regalo de boda a la hermosa princesa Hipodamia, y se había comprometido a ir a buscarla, pero le daba miedo verse convertido en piedra. -Y sería lástima -dijo Azogue con su maliciosa sonrisa-. La verdad es que serías una estatua de mármol de muy buen ver, y que pasarían unos cuantos siglos antes de que el tiempo pu-

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