El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

que hay más leche en el cántaro. Diciendo esto, ¡cuál fue el asombro de Baucis al ver que el viajero llenaba no solo su tazón, sino el de su compañero, con leche del cánta- ro que ella creía casi vacío! La buena mujer apenas podía creer lo que estaba viendo. Sin duda, había echado en los tazones casi toda la leche y había visto la poca que quedaba en el fondo del cántaro, antes de volver a dejarlo encima de la mesa. “Como soy vieja -pensó Baucis-, ya no veo tan bien como antes. Me habré equivocado. De todos modos, ahora sí que estará vacío, des- pués de haber llenado dos veces los tazones”. -¡Qué leche tan rica! -observó Azogue después de beberse el segundo tazón-. Perdón, magnífica anfitriona, si te pido un po- quito más. Baucis había visto claro como la luz que Azo- gue, al servirse, había vuelto el cántaro com- pletamente boca abajo, echando hasta la últi-

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