El libro de las maravillas - Cuentos de Tanglewood

una excelente mujer por compañera. Justo es que se logre vuestro deseo. Y a Filemón le pareció entonces que las nubes de la puesta de sol se encendían repentina- mente hacia poniente, iluminando en fugitiva llama todo el cielo. Baucis había preparado ya la comida, y salien- do a la puerta empezó a disculparse por la po- breza de los manjares que podía ofrecer a sus huéspedes. -Si hubiéramos sabido que veníais -dijo-, mi marido y yo no habríamos probado bocado para que pudieseis encontrar mejor cena. Pero he gastado casi toda la leche para hacer queso y el pan casi nos lo hemos comido. ¡Ay de mí!, nunca lamento ser pobre, más que cuando un necesitado llama a mi puerta. -Todo se arreglará; no te apures, mujer -repu- so bondadosamente el forastero de más edad-. Un recibimiento honrado y cordial hace

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